Rwanda. 2000.

Rwanda 1992 2000

Rwanda. Colección Asombra nº 9. Focal Ediciones. BCN (ISBN: 84-95004-84-4). 2000.

RWANDA

Tras varios años residiendo en Rwanda como director de la Escuela de Arte de Nyundo, Iokin Otaegi regresó para pasar unas vacaciones a su Euskadi natal. Él había sido mi profesor en la ikastola y era amigo de Manolo, mi padre.
Vino con trabajos realizados por alumnos y profesores de la Escuela de Arte: esculturas, dibujos y pinturas, rebosantes de color y de una fuerza sencillamente maravillosa.
Un anticipo de todo ello lo habíamos tenido antes, a través de las postales pintadas por Kofi, uno de los maestros de la escuela, que Iokin utilizaba para escribir a manolo y hacernos llegar las noticias de su quehacer diario: la lucha por mantener una escuela de arte en un país en guerra y repleto de carencias.
En la Escuela de Arte de Nyundo trabajaban la talla, cerámica, escultura, dibujo, diseño, grabado, pintura… y también disponían de un pequeño laboratorio fotográfico con un equipamiento básico al que no se le daba mucho uso y que no llegaba  al nivel del resto de disciplinas artísticas, que a juzgar por las obras que conocíamos demostraban el conocimiento técnico y sentido estético alcanzado por sus alumnos.
Surgió la idea de impartir un curso de fotografía dirigido al resto del profesorado de la escuela, con el fin de introducirla como una disciplina más, de manera permanente. Fue así como en agosto de 1992 dejando a un lado otros compromisos y alejándonos de los fastos olímpicos y centenarios, nos embarcamos hacia Rwanda.
Manolo iba a colaborar con Iokin reorganizando la sala de exposiciones de la escuela e intentando asesorar en lo posible, mientras que mi labor consistiría en impartir un curso de fotografía en el que insistiría sobre todo en el aspecto técnico y metodológico. Como el curso tendría un carácter intensivo –iba a durar unos quince días-, calculamos que nuestra estancia sería  de un mes. Por Iokin sabíamos que Rwanda era un país en guerra desde 1990, aunque –tristemente- aquí no trascendió a la opinión pública hasta cuatro años más tarde, cuando la desgracia era ya irremediable…
No tenía entonces muy claro, al margen del curso que impartiría, a qué país me dirigía, ni qué me iba a encontrar allí, aunque evidentemente pensaba aprovechar mi estancia para hacer fotografías y que mi trabajo fotográfico lo iba a realizar en blanco y negro, pero también llevaría película de color (de los dibujos y pinturas que había traído Iokin, el color era lo que más me había impresionado).
Una vez allí fotografié a sus gentes, su medio de vida y me sorpendió su dignidad y naturalidad ante la cámara fotográfica, ante la mirada del Humuzungu – hombre blanco, extraño y de costumbres tan diferentes.
En la biblioteca de la escuela que regentaban los hermanos de La Salle había un libro sobre los oficios tradicionales de Rwanda que cayó en manos de Manolo. Fue gracias a su curiosidad e interés como pudimos conocer diferentes personas de ámbitos sociales distintos, indagar en el medio de vida de aquellas gentes, sus formas de trabajo y costumbres.
Así pasó un mes intenso, demasiado rápido y sin tiempo para asimilar tantas cosas alejadas de nuestra cultura. La digestión de todo ello empezó luego, a la vuelta. Cuando a medio camino de casa te encuentras en un hotel lleno de comodidades, repleto de comida, donde el agua se malgasta innecesariamente, rodeado de hombres trajeados que tienen prisa y aparentan tener que resolver cosas importantes… mientras con las alpargatas todavía sucias de patear los caminos polvorientos de Rwanda te preguntas la sinrazón de todo ello, sin saber muy bien de dónde vienes y a dónde vas…

 Gorka Salmerón Murgiondo
Legazpi, 2000
-Texto adaptado por Salvador Rodés. BCN-